Ariticulos Crisis Financiera Mundial

Publicado en por John Avila

ARTICULOS CRISIS FINANCIERA MUNDIAL

 

 

¿Salvar a los bancos o salvar al sistema financiero?

 

 

 

escrito por Juan Torres López   

martes, 09 de diciembre de 2008


Desde que estalló la crisis en Estados Unidos y comenzaron a quebrar bancos o a presentar situaciones de gravísima descapitalización como resultado de sus inversiones especulativas arriesgadísimas, la solución que se ha antepuesto a todas las demás ha sido la de primar el rescate de los bancos en apuros.

No era de extrañar que eso ocurriera en Estados Unidos en donde el secretario del tesoro era un ex directivo de uno de los bancos afectados. Ni siquiera en otros países, dado lo evidente que es el poder que la banca privada puede desplegar y despliega constantemente para salvaguardar sus intereses.

Rendidos a ese poder, primero los bancos centrales y luego los propios gobiernos han ido poniendo a disposición de los bancos sumas mil millonarias de dinero sin entrar en el fondo de la cuestión, en la naturaleza de las situaciones que han provocado la crisis bancaria ni, por supuesto, en la responsabilidad de sus propietarios y directivos. Seguramente, porque de haberlo hecho habrían tenido que analizar su propia culpa, puesto que unos y otros han sido los que han legislado en los últimos años para permitir que los bancos hicieran todo lo que han hecho.

Tal generosidad con quienes han puesto a la economía mundial al borde del desastre constituye un escándalo histórico de dimensiones difíciles de mesurar, sobre todo, cuando se vienen reclamando sin éxito cifras infinitamente más modestas para paliar el hambre y el sufrimiento de millones de seres humanos.

Pero la inmoralidad radical que refleja el contraste entre la generosidad con los más ricos del mundo y la mezquindad a la hora de ayudar a los más pobres no es la única perversidad que encierran los planes de rescate bancario.

Se puede estar de acuerdo o no en que el estado debe rescatar a las empresas que se descapitalizan como consecuencia de su gestión equivocada, como ahora le pasa a los bancos. Los bancos así lo demandan porque les interesa pero es evidente que no hay otra razón de más peso para hacer las cosas como se están haciendo. De hecho, se hace dando por hecho que salvando a los bancos se salva al sistema financiero y con él a la economía en su conjunto. Un craso error que pagaremos muy caro.

Se pasa por alto que los bancos son privados, tienen propietarios y directivos que los gobiernan con el fin de ganar dinero, cada vez más dinero, mientras que el sistema financiero es un bien público, no la suma de muchos intereses privados, sino algo cualitativamente distinto.

El pensamiento neoliberal de nuestros días ha conseguido que la sociedad identifique a la banca privada con el sistema financiero y gracias a ello ha logrado que éste último se rediseñara con el fin exclusivo de salvaguardar el interés bancario privado. Pero la realidad es que son dos cosas distintas, tal y como en estos momentos estamos comprobando con total claridad.

Por eso, cuando ahora se rescata a los bancos, cuando se salva a los bancos privados, no se está salvando al sistema financiero. Es más, muy probablemente lo que se está haciendo es sumirlo en una crisis mucho más grave y duradera.

La mejor prueba de ello es la propia inutilidad de las medidas de rescate bancario para mejorar la situación financiera de la economía. Se mejora la situación de los bancos, se van salvando poco a poco, pero no se consigue que se recobre el flujo de financiación a la economía, a las empresas y los consumidores. Se rescata a los bancos pero e sistema financiero sigue hundiéndose y con él la actividad productiva.

La razón de ello es sencilla. En los últimos decenios la actividad bancaria se ha desnaturalizada. Los bancos han pasado a ser auténticos «supermercados financieros polivalentes», en palabras de Robert Brenner, cuyo papel tradicional de intermediarios entre el ahorro y la inversión productiva ha pasado a un segundo plano al convertirse en los motores que mueven la circulación de los nuevos y sofisticados productos financieros en torno a los que gira la especulación financiera de nuestros días y que ha terminado por provocar la crisis actual.

Por eso, el objetivo no debería ser el de salvar a los bancos que se han convertido en la pieza sin la cual no puede sobrevivir la vorágine especulativa, sino el de salvar el sistema financiero como un instrumento imprescindible para que funcione la economía productiva.

¿Cómo se logra eso? Desde luego, no limitándose a recapitalizar a los bancos que conscientemente decidieron ir por el camino de la financierización y de la especulación, ni tratando inútilmente de aliviarlos de la inmensa carga de productos tóxicos que han acumulado porque eso es como querer vaciar el agua que sale de la arena de la playa (una tarea tan inútil que ya ha sido abandonada por Estados Unidos y otros países).

Obviamente, la solución tampoco puede ser la de dejar caer sin más a la banca por muy irresponsable y avariciosa que haya sido durante todos estos años porque eso sería hacer saltar por los aires el sistema económico sin alternativa alguna.

La solución a corto plazo, para evitar una recesión continuada y brutal y un desorden financiero gigantesco debería basarse, por el contrario, en la reconducción de la actividad bancaria, en regenerar el sistema financiero en su conjunto. El régimen de creación prácticamente sin límites de dinero bancario se ha convertido en un lastre y debería limitarse mediante una elevación general y simultánea de los coeficientes, y, en segundo, disciplinarse para lograr que haya garantías de que la intermediación se dirige hacia la actividad productiva.

La idea principal que debería ponerse sobre la mesa es que la financiación de la economía es un interés general y el sistema financiero, como he dicho antes, un bien público. En consecuencia, los recursos financieros podrán proveerse por instituciones privadas, públicas o mixtas pero, en cualquier caso, en virtud de criterios preferenciales de interés general.

Esto puede parecer una osadía pero en realidad no es algo muy distinto de lo que viene sucediendo, solo que ahora las preferencias las fijan solamente los poderosos, con completa independencia de las necesidades sociales. La financiación general del sistema económico no se rige por las leyes de mercados libres, como se nos quiere hacer creer, sino en función del poder de emitir dinero y de decidir el destino de la financiación, un poder preferencial pero que hoy día está prácticamente privatizado.

La verdadera barbaridad que habría que evitar es justamente esa, que los intereses privados se antepongan a las preferencias públicas. La paradoja de la crisis actual es que, como decía recientemente el último Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, lo que es moralmente bueno hacer, ahora es imprescindible hacerlo para que la economía salga adelante.

 

 

 

Acople depresivo global (radicalización de la crisis)

 

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escrito por Jorge Beinstein   

miércoles, 04 de marzo de 2009

 


A comienzos de 2007 fue Alan Greenspan (por entonces ya había abandonado la presidencia de la Reserva Federal) quien dio el alerta acerca de la próxima llegada de la recesión en los Estados Unidos, la profecía se cumplió hacia el fin de ese año. Ahora ha sido Gordon Brown, primer ministro de Inglaterra el que ante la Cámara de los Comunes a comienzos de febrero de 2009, en plena recesión, anunció la llegada de la depresión global. Como era de esperarse la palabra maldita fue rápidamente desmentida oficialmente que la atribuyo a una "gaffe" (1), una expresión involuntaria de Brown, pero el tema quedo instalado precedido por un cierto número de comentarios y artículos de especialistas coincidentes con esa afirmación. Casi al mismo tiempo el presidente de Francia, Nicolás Sarkozi, califico a la crisis como "la peor desde hace un siglo" y en su conferencia de prensa del 9 de febrero Barak Obama coincidió con esas visiones "catastrofistas" (realistas).

2009 aparece como el-año-de-todos-los-peligros, es muy difícil pronosticar el ritmo de la crisis en curso sobre todo porque no tiene precedentes en la historia del capitalismo; su carácter sistémico, su pluralidad (económica, energética, militar, institucional, tecnológica, ambiental, ideológica) y las interrelaciones entre sus diversas componentes le confieren un comportamiento errático, casi (pero no totalmente) impredecible.

De todos modos un conjunto de indicadores nos están señalando que el acople recesivo global que se fue desarrollando durante 2008 está ahora ingresando en una nueva etapa caracterizada por grandes caídas productivas y aumentos de la desocupación en los países centrales y en la mayor parte de la periferia. Se trata de la instalación de un acople depresivo global avanzando ante la impotencia de los gobiernos de los países ricos que constatan como las lluvias de millones de millones de dólares, euros, etc., arrojados sobre sus mercados no consiguen frenar la avalancha.

Al igual que en el comienzo de la etapa anterior el motor de la crisis se encuentra en los Estados Unidos donde durante el último trimestre de 2008 y en el comienzo de 2009 aparecieron datos alarmantes anunciando la inminente llegada de la depresión.

En el cuarto trimestre de 2008 el Producto Bruto Interno promedio cayó a una tasa anual de 3,8% (si descontamos la acumulación de inventarios la caída supera el 5%), la producción industrial bajó 11 %, el consumo de bienes durables 22 %, el de bienes no durables 7 % y las exportaciones 22 %, las informaciones disponibles del primer mes de 2009 (consumo, desocupación, cotizaciones bursátiles, algunos sectores industriales decisivos como el del automóvil, etc.) indican que la tendencia recesiva se profundiza. A las caídas en la producción y el consumo se agrega el rápido aumento del ahorro personal, impulsado por el temor a la desocupación y a la pérdida de ingresos, que reducirá aún más el consumo lo que a su vez empujará hacia abajo a la producción industrial. A lo largo de 2008 se puso en marcha el clásico círculo vicioso recesivo donde el consumo, la producción y la inversión interactúan negativamente: la recesión provoca más y más recesión. Se ha producido un rápido empobrecimiento del grueso de la población, en algunos casos se trata de pérdidas de riquezas ilusorias como lo fue el aumento burbujeante de acciones y valores inmobiliarios que impulsaban el consumo de sus beneficiarios y en otros de pérdidas reales de empleos, salarios y viviendas.

Dos informaciones pueden ser útiles para evaluar la magnitud del desastre, la primera referida a la contracción de la riqueza provocada por el colapso financiero. La llamada riqueza neta de la población norteamericana (valor de las propiedades, acciones, etc., menos deudas) había descendido a comienzos de 2009 en unos 14 billones (millones de millones) de dólares corrientes respecto del valor promedio de 2007, cifra equivalente al Producto Bruto Interno de los Estados Unidos (2).

La segunda información nos ilustra sobre el impacto social de la crisis, la desocupación "oficial", es decir la registrada de ese modo por el gobierno, creció gradualmente a lo largo de 2007 y se aceleró desde mediados de 2008, en octubre incluía a más de 10 millones de personas, en diciembre superaba 11 millones (7,2% de la población económicamente activa). Sin embargo esa cifra subestima el problema porque a los 11,1 millones de desocupados oficiales de diciembre de 2008 (3,6 millones más que en diciembre de 2007) es necesario agregar 2,6 millones de desocupados de "larga duración" (con 27 semanas o más sin empleo), ese sector aumento en 1,3 millones de personas durante 2008, por otra parte los trabajadores precarios llegaban a unos 8 millones (eran 4 millones 600 mil un año antes). Sumando desocupados oficiales. crónicos y trabajadores precarios se llega en diciembre de 2008 a casi 22 millones de personas, eran 13 millones 500 mil un año antes (3); se trata del salto al vacío de más de 8 millones de personas.



Insolvencia y aceleración de la crisis

Los principales indicadores económicos y sociales nos señalan que la crisis se acelera y que el aumento de ritmo apunta hacia una gran salto cualitativo, un hundimiento catastrófico de la economía norteamericana que seguramente arrastrará al conjunto del sistema global.

El Producto Bruto Interno real creció a una tasa anual del 3,3 % en el segundo trimestre de 2008, tuvo una leve cifra negativa en el tercero (-0,5%) y cayó con fuerza en el cuarto (-3,8%).

La producción industrial aceleró su descenso a lo largo del año pasado, el índice promedio del segundo trimestre cayo 0.9 % respecto del primero, el del tercero bajó 2,3 % respecto del segundo y el de cuarto trimestre descendió 3 % (4).

El consumo personal que se había mantenido estancado en términos reales durante los primeros meses de 2008 inició un persistente descenso en el segundo semestre que tiende a acentuarse a comienzos de 2009 (5).

A lo largo de 2007 y hasta abril de 2008 la masa de desocupados oficiales presentaba una curva ascendente suave, pero en mayo pego un salto del orden del 11 % a partir de allí el crecimiento de la desocupación se aceleró, en los cinco trimestres que van entre enero de 2007 y marzo de 2008 la tasa trimestral promedio de incremento del volumen de desocupados nunca superó el 1,5 %, pero en el tercer trimestre de 2008 subió al 3,5 % y el el cuatro al 5 %. En diciembre de 2008 se produjeron 630 mil nuevos desocupados netos, en enero de 2008 se repitió aproximadamente dicha cifra (6).

El índice de precios de las viviendas desciende a velocidad creciente desde mediados de 2008, 10 % de caída a lo largo de todo 2008 (7).

En los 12 meses que van entre octubre de 2007 y mediados de septiembre de 2008 la capitalización bursátil norteamericana descendió unos cuatro billones (millones de millones) de dólares, pero solo en los cuatro meses siguientes descendió en un cifra similar, la baja mensual promedio pasó entonces de 333 mil millones de dólares para el primer período a un billón de dólares para el segundo (casi 7 % del PBI por mes) (8). En fin, la tasa de ahorro respecto del ingreso personal disponible que se había mantenido próxima de cero en los últimos años pasó del 1,2 % en el tercer trimestre de 2008 a 2,9 % en el cuarto trimestre y existe consenso entre los pronósticos conocidos para situarla en torno del 5 % antes de fin de año acentuando así la retracción del consumo (9).

Si la tendencia a la aceleración de la caída económica no puede ser frenada todo parece indicar que 2009 se producirá la Gran Depresión, mucho más grande que la de los años 1930.

Desde que se produjo el colapso financiero de mediados de septiembre del año pasado el gobierno (Bush y luego Obama) ha tratado de suavizar la caída a través de millonarios subsidios a los bancos primero y después a industrias clave como la automotriz y finalmente a los consumidores. Sin embargo estas inyecciones de fondos que aumentan peligrosamente la deuda y el déficit público no han conseguido el objetivo buscado, ha sido así porque detrás de la crisis de liquidez, de la falta de crédito, se encuentra el fenómeno de sobre endeudamiento publico y sobre todo privado que ha colocado a numerosas empresas y a una enorme masa de consumidores en la insolvencia o al borde de la misma. Eso no se arregla inyectando dinero en el mercado, con esas intervenciones se producen algunos alivios pasajeros que evitan uno que otro derrumbe, postergan un poco la depresión sin poder impedir su llegada. A su vez la insolvencia y el sobre endeudamiento son el resultado de una prolongada decadencia productiva asociada al ascenso del parasitismo financiero de aproximadamente cuatro décadas de duración, es el conjunto del sistema lo que ha entrado en crisis,

Trampa global

Al igual que en el período recesivo (2008) no existe ninguna posibilidad de desacople, la articulación comercial, productiva y financiera de la economía mundial opera como una gigantesca trampa de la que nadie puede escapar. Habrá que esperar a que el tiempo (la prolongación de la crisis) genere factores de desarticulación, de fractura capaces de quebrar la unidad del sistema, para que ello ocurra debería producirse una quiebra duradera del comercio y de la trama monetaria internacional (queda abierta la reflexión acerca de la posibilidades de supervivencia del capitalismo como cultura universal si eso llegara a ocurrir).

Por ahora el hundimiento es general, la mayor parte de los países europeos están pasando de la recesión a la depresión, Japón sigue el mismo camino. China transita hacia una fuerte baja en su tasa de crecimiento del PBI, algunos pronósticos la sitúan en torno del 6 % para 2009 con consecuencias económicas y sociales equivalentes a una recesión, Brasil y Rusia ya se han acoplado al desinfle global, la Organización Internacional del Trabajo acaba de presentar un escenario para 2009 que incluye cincuenta millones de desocupados adicionales (10).

Depresión psicológica

La depresión económica viene precedida por una ola de depresión psicológica que luego de algunos primeros pasos tímidos en medio de la recesión de 2008 se expande actualmente a toda velocidad entre las elites dominantes del mundo, el pesimismo se está adueñando del universo cultural del capitalismo, sus ilusiones de dominación imperial del mundo se van disolviendo en el océano de la crisis. Ese clima fue bien expresado en su momento inicial por Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Internacionales de los Estados Unidos, cuando en un articulo publicado en Mayo de 2008 señalaba el fin de la hegemonía global norteamericana y el nacimiento de un mundo crecientemente despolarizado (11), es decir el principio del fin de la plurisecular y compleja construcción colonial de Occidente. Hacia mediados de diciembre James Rickards, figura clave del aparato de inteligencia norteamericano presentó un informe auspiciado por la U.S. Navy plagado de pronósticos siniestros: desde el derrumbe del dólar y de los títulos públicos norteamericanos hasta reducciones del Producto Bruto Interno del orden del 30 % en los próximos cinco años y tasas de desocupación similares a las de los años 1930 (12). Finalmente el último encuentro de Davos, en otros tiempos reunión estelar de la cumbre de la globalización neoliberal, estuvo dominado por las constataciones de impotencia ante una crisis avasalladora, empresarios transnacionales y dirigentes de las grandes potencias lloraron sobre los restos de un mundo que llegaron a creer eterno.

Este acople mundial del pesimismo ideológico y la depresión económica podría ser visto en una primera aproximación al tema como el principio del fin de la post guerra fría, período de dos décadas de duración marcado por la dominación global de los Estados Unidos, un auge sin precedentes de la especulación financiera y una integración transnacional muy avanzada de los sistemas productivos, también podría ser descripto como era neoliberal enterradora del keynesianismo, del estatismo burgués desarrollista. Sin embargo esas serían interpretaciones muy limitadas, carentes de una visión histórica más amplia ya que el llamado neoliberalismo no fue otra cosa que el discurso triunfalista de la degeneración financiera, parasitaria del capitalismo keynesiano. En los Estados Unidos el estado militarista e interventor nunca se retiró de la escena y en las otras grandes potencias la intervención voluntarista del Estado estuvo siempre presente aunque al servicio de un capitalismo globalizado y financierizado cuya dinámica terminó por desquiciar, corromper profundamente a los sistemas institucionales en los que se apoyaba. Es toda la historia del capitalismo (sus grandes paradigmas científicos y tecnológicos, su estilo de consumo, sus sistemas productivos, su cultura imperial) lo que ahora está comenzando a navegar a la deriva.

 

- Jorge Beinstein es economista argentino, docente de la Universidad de Buenos Aires

Notas

(1), Philip Webster, "Comment: Brown on depression - a gaffe and that's official", Times Online, February 4, 2009.

(2), Federal Reserve Statistical Release, Flow of Funds Account in United States y estimaciones propias..

(3), U.S. Bureau of Labor Statistics, "The employment situation: December 2008".

(4), Federal Reserva Statistical Release, Industrial Production and Capacity Utilization.

(5), Bureau of Economic Analysis, National Economic Accounts, Real Personal Consumption Expenditures.

(6), U.S. Bureau of Labor Statistics-

(7), House Price Index, OFHEO, U.S. Office of Federal Housing Entreprise Oversight.

(8), World Federation of Exchanges.

(9), Personal Saving Rate, U.S. Bureau of Economic Analysis, National Economic Accounts.

(10), "Global jobs losses could hit 51 m", BBC News, 2009-01-28.

(11), Richard Haass, "The Age of Nonpolarity. What Will Follow U.S. Dominance", Foreign Affairs , May/June 2008
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(12), Eamon Javers, "Four really, really bad scenarios", Politico.com, 17 de diciembre de 2008.

 

 

La ignorada causa de la crisis

 

escrito por Vincenç Navarro   

miércoles, 04 de marzo de 2009

(Público)


La gran polarización en la distribución de la renta, con disminución del porcentaje que las rentas del trabajo representan del total de la renta nacional (a costa del incremento de las rentas del capital, y muy en particular el capital financiero-la banca) ha sido la causa -como lo fue también de la Gran Depresión de principios de siglo XX- de las crisis económica y financiera actuales. La escasez de capacidad adquisitiva de las clases populares ha creado un problema grave de insuficiente demanda, responsable del escaso crecimiento económico. Y los exuberantes beneficios de la banca han derivado primordialmente de inversiones especulativas, creándose el complejo -capital financiero-inmobiliarias-construcción- responsable de los elevados precios de la vivienda, incrementándose todavía más el gran endeudamiento de las clases populares.

Una de las causas más importantes de la crisis económica y financiera actual que apenas ha salido en los medios de información ha sido la polarización en la distribución de las rentas que ha ocurrido desde los años ochenta en la mayoría de los países de la OECD a partir de la revolución neoliberal iniciada por el Presidente Reagan en EE.UU. y por la Sra. Thatcher en Gran Bretaña. Durante el periodo 1980-2005 hemos visto en estos países la desregulación de los mercados laborales y financieros, el aumento de la regresividad fiscal (con políticas fiscales claramente favorables al mundo empresarial y a las rentas superiores), la privatización de los servicios públicos, y el desarrollo de políticas monetarias que han favorecido al capital financiero (los bancos) a costa del mundo productivo, dando prioridad al control de la inflación sobre el estímulo económico. Tales políticas han sido promovidas a nivel mundial por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco Mundial, y a nivel europeo por la Comisión Europea (cuyos Comisarios de Economía y Asuntos Monetarios han sido los guardianes de tal ortodoxia liberal inscrita en el Pacto de Estabilidad que ha dificultado el incremento del gasto público), y por el Banco Central Europeo (cuyas políticas de control de la inflación se han realizado a costa del crecimiento económico y de la creación de empleo). Como resultado de tales políticas ha habido en la mayoría de países de la UE un aumento del desempleo (mayor en el periodo 1980-2005 que en el periodo anterior 1950-1980 cuando las políticas existentes eran de corte keynesiano) y un descenso muy marcado de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional, descenso especialmente notable en los países de la eurozona, que fueron los que siguieron con mayor celo tales políticas. En el promedio de los países de la eurozona, las rentas del trabajo pasaron de representar el 70% de la renta nacional en 1992, a un 62% en el año 2005. En España, tal descenso fue incluso mayor. Las rentas del trabajo pasaron de representar el 72% al 61% de la renta nacional durante el mismo periodo. Este descenso de tales rentas (medidas por la masa salarial) es la mayor responsable de la caída de la demanda (causa mayor de la crisis económica).  

Ahora bien, ¿por qué ocurre la crisis ahora y no antes? Para responder a esta pregunta tenemos que entender la otra cara de la polarización de rentas. La disminución de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional se ha hecho a costa de un crecimiento muy acentuado de las rentas del capital, y muy en especial del capital financiero. Este era, por cierto, el objetivo de las políticas neoliberales. Este crecimiento de las rentas superiores significó, sin embargo, un aumento del ahorro más que del consumo. Los ricos, al tener tanto dinero, necesitan menos para consumir y ahorran, poniendo el ahorro en bancos. De ahí que el aumento del dinero a los ricos no estimula el consumo (que es lo que se necesita) sino el ahorro y la inversión. Ahora bien, ¿dónde invierten los ricos y los bancos? (España es uno de los países con mayor número de millonarios que existen, pero que no declaran su renta). Lo hacen donde pueden sacar más beneficios. Durante estos años invirtieron no tanto en la economía productiva (donde el descenso de la demanda estaba mermando los beneficios), sino en actividades especulativas como las inmobiliarias, donde los beneficios alcanzaron dimensiones exuberantes. El complejo "capital financiero - especulación inmobiliaria - industria de la construcción", fue durante estos años el motor del desarrollo económico tanto en EE.UU. como en España (y en Gran Bretaña), facilitado en España, cuando no estimulado por las políticas fiscales del Estado, tanto central como local que favorecieron la propiedad. Los precios de la vivienda subieron astronómicamente y las clases populares tuvieron que endeudarse hasta la médula. Recuerden que durante varios años, las empresas constructoras y la banca españolas iban a comerse el mundo. Pero se pasaron de rosca: construyeron en exceso y la burbuja estalló. Ahora el complejo "bancario-inmobiliario-construcción" tiene en sus manos nada menos que 1.6 millones de viviendas que no se venden, siendo la demanda real de sólo 220.000 unidades. Y el problema es incluso mayor pues los bancos saben que el precio de las viviendas que tienen es un 30% superior al que tal demanda determinaría. De ahí la enorme resistencia a dar créditos, pues la banca está encima de un volcán que está explotando no sólo  como consecuencia del incremento de la morosidad sino también por el descenso del precio de sus activos.

Hubiera sido mejor que la banca (y las cajas) hubieran invertido más en áreas de clara necesidad social (en lugar de construir siete  veces más viviendas de las que el país necesita). Y que el Estado hubiera estado dirigido por mentalidades menos liberales y más keynesianas, estimulando otra política crediticia, menos favorable a la especulación y más favorable a la producción de bienes y consumos necesarios.

¿Cuál es la solución? La derecha propone reducir los impuestos como manera de estimular la economía, lo cual se ha demostrado una y otra vez, que tiene un impacto estimulante menor, pues las clases populares, enormemente endeudadas, utilizan los fondos extras para pagar sus deudas. Más eficaz es conseguir el aumento de las rentas del trabajo (que se consumen casi en su totalidad) y el descenso de las rentas del capital, a través de políticas redistributivas; y aumentar inmediatamente la demanda a través del gasto público excesivamente bajo en España (una de las causas de su baja productividad), creando empleo en obras públicas y en servicios públicos como sanidad, escuelas de infancia, servicios domiciliarios y  otros servicios que están claramente subfinanciados.

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